Un mezcal joven de agave cupreata, sutil y elegante, con notas que evocan frutas tropicales. El resultado de esperar entre 7 y 10 años a que la tierra de Michoacán haga su trabajo.
Desde 2012, honramos el agave y a quienes le dedican su vida. Somos orgullosamente de Michoacán.
El resultado: un mezcal sutil y elegante, con notas que recuerdan a frutas tropicales.
"Jefe" o "líder de la tribu". Un nombre que honra nuestras raíces michoacanas en cada botella.
Seleccionamos agaves maduros, cosechados a mano por jimadores expertos que reconocen el punto exacto de madurez.
Las piñas se cuecen lentamente en hornos de tierra, método ancestral que aporta notas ahumadas características.
Trituradas con tahona de piedra, liberando los jugos que después fermentarán de forma natural, sin prisas.
Doble destilación en alambiques de cobre, cuidada gota a gota hasta obtener el corazón perfecto del mezcal.
Notas ahumadas suaves que se abren paso hacia la tierra húmeda y el agave recién cocido, con un toque cítrico que aparece al final, casi como una promesa de lo que viene.
El dulzor natural del agave cocido se equilibra con un ligero picor especiado. Cuerpo untuoso, redondo, sin agresividad — el resultado de un tiempo de reposo que no se apresura.
Final largo y cálido, con recuerdos de madera y humo que se quedan mucho después del último trago. Así se reconoce un mezcal hecho con paciencia.
Idealmente solo, a temperatura ambiente, en una copa pequeña tipo veladora para poder apreciar bien los aromas. No hace falta limón ni sal — un mezcal artesanal se disfruta tal cual.
Sí, completamente. No usamos azúcares añadidos ni procesos industriales — solo agave maduro, cosechado a mano y cocido en horno de tierra.
En un lugar fresco, lejos de la luz directa del sol, de pie y bien cerrada. Así conserva sus notas por mucho más tiempo.
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Cada lote es limitado y nace de años de espera. Detrás de cada botella hay una familia, una tierra y un oficio que no se apresura.
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